Sexo & Amor

¿Que a las mujeres no nos gusta el porno?

El porno y las mujeres.

Por Usuario Anonimo

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Si un adolescente es pillado viendo porno, es muy probable que sus padres tengan una conversación sobre sexo con él y encuentren normal el asunto. Otra sería la historia si es una adolescente, porque desde tiempo atrás nos han hecho creer que a las mujeres no nos gusta el porno, ni nos excitamos o identificamos con él de ninguna forma, lo cual no es falso del todo, pues es cierto que la gran mayoría del porno nada tiene que ver con nuestras fantasías sexuales, ni mucho menos con nuestra realidad.

Pero tampoco es del todo cierto que con ver una película porno uno ya las vio todas, ni que el porno siempre degrada a la mujer y la ve como un objeto. Aunque pareciera que el placer femenino no está tan presente en la mayoría de películas X y que los estereotipos a los que nos han esclavizado algunos directores no nos hagan ni cosquillas, sí existe un determinado tipo de porno que nos excita. La cuestión es encontrarlo. Y para encontrar hay que explorar. El porno tradicional está plagado de mujeres excesivamente sumisas, infladas, gritonas e irreales (enfermeras calientes, lolitas, ninfómanas, todas dispuestas a meterse a la boca lo que sea). Y lo más grave: hombres multimillonarios, mafiosos o proxenetas musculosos con miembros exorbitantes, que aparte son escogidos en los castings por el tamaño de sus miembros y su capacidad de eyacular, que a lo mejor son una suerte de héroes o modelo aspiracional para ellos, pero no para nosotras.

Es por eso que algunas mujeres arriesgadas, como Erika Lust o Candida Royalle se han dedicado a dirigir y filmar películas porno hechas para mujeres. Esto ha sido tildado de retrógrado en incluso de discriminación positiva, pero Lust se defiende afirmando que al decir que es para mujeres no pretenden excluir al público masculino, pero sí asegurar que tienen contenidos pensados para mujeres. “Creo que el nuevo cine hecho por y para mujeres trata sobre intimidad y relaciones; el de ellos sobre enculadas y eyaculaciones”.

Según la directora sueca, las diferencias son sutiles pero determinantes. Mientras que en las películas porno tradicionales las mujeres siempre duermen con tacones, las locaciones son mansiones y las gargantas femeninas un sinfín, en el porno para mujeres hay hombres más normales, más mujeres de verdad que no siempre tienen un orgasmo al tiempo que su pareja, menos gritos y más parlamentos reales; son ellas quienes reciben el sexo oral y además de que las locaciones no importan tanto, el sexo casi siempre es consentido, y no somos siempre las que tenemos que suplicar, porque el sexo debe ser merecido por ellos.

Una de las películas más premiadas de la nueva corriente de cine para adultas, escrita y dirigida por Erika Lust es “Cinco Historias Para Ellas”, que ya ha ganado varios premios. También figuran las películas de Candida Royalle, que tiene una productora especializada en porno para parejas y una fábrica de juguetes sexuales. A esta lista se suma Tristan Taormino, experta en sexo anal que no sólo ha dirigido películas y el reality Chemistry (donde se llevó a seis estrellas de porno a vivir a una casa), sino que también apareció en la película Shortbus, donde participó en una orgía real filmada por el director John Cameron Mitchel (Hedwig and the angry inch). Taormino escribe de sexo y es además la sobrina del famoso escritor de culto Thomas Pynchon. Su última película Rough Sex explora las fantasías de varios actores porno.

Pero no solo en la creación del porno hay mujeres involucradas con el negocio. Es una mujer, Diane Duke, la que dirige Free Speech Coalition, una organización que vela por los derechos de la industria del entretenimiento para adultos. También es una mujer, Samatha Lewis, quien dirige la productora de porno más grande de Estados Unidos, Digital Playground. Esto para nombrar solo algunas mujeres, entre quienes también figuran Christie Hefner, hija de Hugh y directora de su emporio, Playboy, y Danni Ashe, una de las pioneras del porno por Internet, así como Joy King, la vicepresidenta de proyectos especiales de otra gran productora de porno, Wicked Pictures.

Las feministas suelen decir que el porno es la causa y los síntomas de todos los problemas femeninos. Sin embargo, muchas mujeres aceptan que no todas las escenas de porno las disgustan. King acepta que ve porno aun cuando no se trata de trabajo, pero también asegura que la mayoría de los productos clasificados con esa etiqueta no son ni lo uno (entretenimiento) ni lo otro (para adultos). De hecho, muchas de estas mujeres no son garantía para que el contenido del porno deje de ser tan sexista. Una de las grandes razones, es que el porno ha sufrido un cambio similar al del negocio de la música, donde la mayor parte de los productos son hechos por amateurs y subidos a la web. Otra, que los juicios de valor hechos por alguien no dependen de sus genitales, sino de su inteligencia y su moralidad.

Feministas pro-porno: El placer de conocer el placer

Aunque la famosa feminista radical Robin Morgan dijera que el porno es la teoría y la violación es la práctica, no todas las feministas están en contra de su existencia. De hecho hay una corriente que defiende el derecho de cada mujer a participar del porno y que asegura que el término “degradante” es tan relativo, que incluso hasta en los comerciales de televisión más inofensivos aparecen imágenes que le pueden parecer degradantes a unas mujeres, y a otras no. “¿Qué tiene de malo retratar a la mujer como ser sexual si nuestro cuerpo es igual de importante a nuestro cerebro y a nuestra alma?”, asegura Wendy McElroy, autora del libro XXX: el derecho de la mujer a la pornografía, que añade que nadie se molesta si la mujer es vista desde el punto de vista meramente intelectual o espiritual.

Esta corriente feminista también alega que en Japón, donde el porno explícito, violento y hasta brutal es ampliamente accesible, la violencia contra las mujeres es mucho más baja que en lugares como Estados Unidos, donde la violencia en el porno es severamente restringida. “Es posible incluso que este tipo de porno tenga un efecto catártico en hombres que tienen tendencias violentas hacia las mujeres. Pero además, no todas las mujeres que participan en películas porno aceptan porque están sicológicamente traumatizadas, o son abusadas en su trabajo”, dice McElroy en sus textos, en donde además dice que la pornografía es benéfica para la mujer, porque le brinda información sexual básica que pareciera llegar a los hombres mucho más naturalmente, como técnicas de masturbación, y les permite explorar sobre sus gustos y satisfacer sanamente sus fantasías. “Muchas mujeres tienen, por ejemplo, la fantasía de ser violadas. Se trata de algo sobre lo que fantasean, no algo que quieran en la realidad. El porno les permite experimentar un poco de esa satisfacción y les ayuda a romper estereotipos culturales y políticos para interpretar el sexo como quieran. Además de darles seguridad y eliminarles culpas tontas, puede ser una gran terapia para quienes no tienen pareja y también para darle un poco de variedad al sexo entre parejas sin necesidad de cometer infidelidades”.

Históricamente, la pornografía y el feminismo han estado ligados. Nacieron o se afianzaron como producto de la revolución sexual de los sesenta y han sido atacados por los mismos enemigos conservadores. Aunque es imposible establecer claramente las relaciones causa-efecto entre la pornografía y el feminismo, es evidente que para que ambas cosas es necesaria una condición: la libertad sexual.

Casi el 69

No admitir que nos gusta el porno es perpetuar de cierta forma esa imagen errada de que la mujer es asexuada, en el mejor de los casos un poco erótica, mientras que el hombre es sexual y pornográfico. Aunque nos encasillan diciendo que la sexualidad de la mujer es erótica, tierna, suave y tácita mientras la de los hombres es pornográfica, cruel, dura y gráfica, un estudio hecho por el periódico inglés The Sun reveló que un 66% de las mujeres encuestadas ve porno y, que además de que un 88% de los hombres lo hace, un 16% de ellos lo utiliza como parte del cortejo para tener sexo con su pareja. El 87% de esas mujeres que ven porno están casadas, pero solo el 26% admite verlo una vez al mes y 57% de ellas lo comparten con sus esposos, mientras que ellos son mucho más generosos: 64% ven porno con sus mujeres, pero menos de la mitad (46%) aseguran que los excitaría encontrar a su pareja viéndolo secretamente. Y acá entramos en un tema álgido para las mujeres: los celos y la inseguridad que les provoca el que sus parejas vean porno. Mientras que solo un 11% de los hombres dice que se molestaría si descubre que su mujer ve porno, el 34% de las mujeres acepta que se molestaría, y mucho.

El escritor Andrés Barba (coautor del Premio de ensayo “La ceremonia del porno”) asegura que para que el porno cumpla su acometido de excitar, debe existir cierta privacidad en el asunto y añade que en ese sentido muy seguramente lo que excita a los hombres, a las mujeres nos parece tonto y hasta insulso. Durante la escritura de su libro encontró estudios que indican que el porno más duro, el gonzo, el sado, y otra chorrera de subgéneros pesados, es el que más les gusta a las mujeres. Así las cosas, parece que a las mujeres nos hace falta definir qué y cuál es la pornografía que nos gusta. Manos a la obra.

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