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Maleja Restrepo y Tatán Mejía celebran sus 12 años de casados

Son una de las parejas más lindas (y menos típicas) del panorama nacional. Los fotografiamos y entrevistamos para celebrar sus 12 años juntos, sus bodas de hilo, y para conocer el secreto de su relación “perfectamente imperfecta”.

Por Sandra Real

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Maleja Restrepo (37) y Tatán Mejía (36) coinciden en que entre todos los mitos que giran alrededor de las relaciones de pareja, uno de los más dañinos es el del amor perfecto: “Nos perjudica porque idealizamos a la pareja; no podemos dejar de verla como un ser humano, con cosas buenas y con defectos también”, sostiene la actriz y presentadora, quien lleva 12 años junto a su adorado ‘Sebas’.

“Es lo que nos han vendido el cine, la literatura… quieres que esa historia de amor perfecto y para siempre te esté pasando a ti, pero el amor de verdad es otra cosa: es compromiso, es entrega total, es tener acuerdos, ser leales”, asevera Tatán, a quien de verdad se le nota cuando deja de mirar con ojos enamorados a su adorada Maleja.

Se adoran, es evidente, pero su amor lo han construido con esfuerzo, con compromiso y entrega a través de estos años. La televisión nos ha bombardeado con la idea de la ‘media naranja’, del amor eterno y con esas relaciones que saltan de las pantallas a la realidad.

Sin embargo, al escucharlos hablar sobre cómo la individualidad, el amor propio y el respeto por el otro juegan un papel determinante es que entendemos que en la vida real las historias de amor empiezan, justamente, donde los cuentos y las películas de príncipes azules acaban: cuando hay que enfrentarse a la convivencia, a los viajes de cada cual, a los horarios complicados por las grabaciones, a vivir con la especulación constante de una relación en crisis, a verse con sus virtudes y sus infortunios, y quererse a pesar de ello.

El próximo 18 de octubre, Maleja y Tatán celebran 11 años de casados y 12 de estar juntos, y aseguran que este tiempo ha sido para disfrutarse, para materializar sueños, para crecer espiritualmente y en el que también han experimentado inconvenientes que los llevó a buscar ayuda y a solucionarlos de la mano de una experta en temas de pareja.

Después de más de una década juntos, su amor se ha fortalecido, se ha transformado y actualmente viven una conexión más profunda. “No hay claves para que una relación dure, solo hay que hacer el esfuerzo de entender al otro y actuar con amor y respeto, con ganas de hacerlo feliz (sin olvidarse de uno mismo, claro)”, asevera Maleja.

Arranquemos hablando de esa primera vez en la que vieron al otro. ¿Cierren los ojos y acuérdense qué sintieron o qué recuerdan de ese momento cuando lo vieron?

MALEJA: Yo vi a Sebas por televisión, no fue personalmente. Lo vi cuando él fue a México para hacer el especial de El mundo según Pirry. Esa fue la primera vez que lo vi y dije: “¡Qué peladito tan teso!” Cómo monta en moto de esa manera y logra hacer una especialidad que era completamente desconocida aquí en Colombia, que era el freestyle. Mi primera impresión fue: “¡Qué atrevido!, ¡qué bizcocho tan teso!”.

TATÁN: Yo estaba compitiendo en un reality, en La isla de los famosos, de RCN, y Male era participante y recuerdo el día en que se bajan de un helicóptero varias peladas para concursar, ella era la más bonita de todas, pero la más gritona también, y lo primero que pensé fue: “que no me vaya a tocar con la gritona”… esa fue mi primera impresión.

¿Cómo recuerdan esa primera cita juntos?

T.: Fue después, después del reality, pues estuvimos compitiendo en compañía, pero ya. La llamaba un par de veces al mes a saludarla, para ver cómo estaba, hasta que un día estábamos sin pareja, ninguno de los dos… fue un tema más de: “parcera, venga y nos tomamos algo. Usted y yo la pasamos bien y nos debemos algo”, y desde ahí, nunca más nos separamos.

M.: La primera cita fue en una discoteca en Bogotá, era un lugar en el Parque de la 93, y en esa primera cita Sebas me dice: “Ven te muestro la luna, que está divina”. Y yo, “okay”. Me lleva a una ventanita chiquita y me dice “mira la luna”, pero no se veía nada…

T.: … Es que había mucha gente alrededor, muchos chulos venían a echarle los perros y no quería que me la quitaran.

M.: Él quería era darme un pico viendo la luna por una ventana chiquita.

¿En qué momento dicen: Me estoy enamorando de él o ella?

T.: Todo fue muy rápido. Todo entre nosotros fue muy rápido… Nosotros, casi como a los 20 días de habernos conocido o al mes, ya vivíamos juntos. No me acuerdo de ese momento… eso fue ya hace doce años… Nosotros le damos más importancia a lo que está pasando en el día a día y a mantenernos enamorados ahora. Yo sí trato de estar echando para delante. Siempre diré que el pasado ya pasó, pero no estoy tan apegado a esos recuerdos, ¿sabes?…

M.: Yo creo que el enamoramiento ha pasado por varias etapas, sobre todo al principio: una etapa en la que nos fue muy bien compitiendo como pareja, entonces siento que ahí hubo un tipo de enamoramiento trabajando en equipo, que no era el enamoramiento de darnos besos, de acariciarnos, de estar juntos, de tener relaciones, sino un enamoramiento de trabajar en equipo y aprender a hacerlo para sobrevivir en un reality. Ya luego sí vino el enamoramiento… Incluso esperamos tres años, recordándonos, viviendo esa etapa de enamoramiento, etapa de trabajo en equipo, y luego ya vino la etapa de enamoramiento de poder estar juntos. Pero siento que yo desde el primer momento en que volvimos a estar juntos, porque ya cada quien estaba soltero. Creo que desde ahí yo sí sentí algo muy diferente a lo que había sentido en otras relaciones. Desde ahí yo sí sentí que estaba muy enganchada con Sebastián.

¿Cómo fue madurando su amor?

M.: Yo siento que vivimos y compartimos experiencias tan fuertes sobreviviendo en una isla que por más que hayamos comenzado nuestra relación tres años después, sí siento que nos conocimos un montón en las peores adversidades del ser humano, que es aguantando hambre, sin poder dormir bien, sin tener techo, bajo la lluvia….

T.: Eso sí hizo una diferencia al momento de iniciar nuestra relación, porque ahí fue cuando aprendimos a vivir en las peores adversidades y a trabajar en equipo, como lo seguimos haciendo hasta ahora.

¿Actualmente, cómo siguen forjando ese amor tan real que viven?

T.: La cosa es más fácil de lo que uno cree. Yo creo que estamos muy sesgados y todavía estamos muy aferrados al pasado y al tema un poco machista… En esta casa, literalmente, los dos salimos a trabajar y a sacar esta familia adelante, es nuestra meta, la familia como tal. Y la familia no son las niñas y el colegio; la familia es el núcleo, nosotros, nuestras cosas, alcanzar metas. Tenemos un par de metas en común, un par de metas aparte y ha variado, hay veces que estamos en una bolita tratando de sacar adelante juntos un proyecto, hay veces que está Male con su proyecto echándolo para delante, y está la familia con su proyecto; hay veces que estoy yo con mi proyecto y trabajamos en pro de. A la final, yo creo que el truco de esto es dejar de pensar tanto en la gente de afuera, en el externo, en el qué dirán. A nosotros nos ha servido mucho vivir fuera de la ciudad y estar mucho tiempo juntos, mucho tiempo, y eso hace que el núcleo que nosotros y mis niñas, la gente que está con nosotros y la gente de nuestro alrededor empiece a jalar el barco para el mismo lado. Cuando es para muchos lados, la familia va así, con sus sueños para allá, y aquí sí se sabe que es mucho más fácil en conjunto. Nosotros hemos logrado lo que hemos querido porque los dos trabajamos y los dos luchamos en pro de que este núcleo vaya para delante también.

¿Cómo han hecho para conocerse realmente, para disfrutarse, para entenderse y para compenetrarse tanto?

T.: Por nuestro trabajo hemos estado juntos desde el principio. A veces creo que fue algo de suerte y también de saber elegir nuestras prioridades. Algunas personas están todo el día en el trabajo, llegan a las ocho de la noche a la casa, y así se pasan la vida y cuando se dan cuenta, nunca conocieron a su esposo/esposa. Nosotros, desde el principio, hemos pasado mucho tiempo juntos, luchamos en pro de esto y la pasamos bien. No es un secreto, la pasamos bien; yo me divierto. Parte de este proceso es entender que no tienes que cambiar a tu pareja, sino también descubrir por qué te enamoraste de ella y disfrutar eso. No siempre va a ser perfecto, van a haber cosas que te molestan de ella y que a ella le molestan de uno también, pero entender que no tienes que cambiar eso a tu favor te facilita mucho la vida y te arregla chicharrones, y cuando lo entiendes y dices “ah, no tengo que cambiar; ella puede ser ella y ni incomoda y me importa un culo”… ¿me entiendes?, a mí… Antes yo decía “amor, hable más pasito que hay mucha gente”, ahora digo “haga lo que se le dé la gana, me importa un culo” (risas). No importa, y eso ha hecho que mi vida, la mía en lo personal, sea más fácil. Y cuando tengamos problemas de verdad lo más bonito es agachar la cabeza y entender que hay un chicharrón… eso es lo más bonito, entender que hay un problema y cómo lo solucionamos. Los dos hemos centrado en solucionar cosas que al otro no le gustan. De verdad esto me está afectando y está afectando a mi pareja, lo hablamos y lo solucionamos… Eso es lo bonito.

¿Cuándo llega la propuesta de matrimonio?

M.: Yo siento que las cosas se empiezan a poner serias al principio, cuando queríamos compartir mucho tiempo juntos. Esas ganas de estar con el otro y de pasar tiempo con el otro, yo dije “esto es diferente a lo demás o a otras relaciones”. A los 15 días nos fuimos a vivir juntos luego de que nos volvimos a enganchar y a los seis meses, Sebas me pide matrimonio. Fue superrápido. Lo estamos sintiendo, viviendo, experimentando, llevémoslo a vivirlo al extremo, y así fue. A los 15 días nos fuimos a vivir juntos y a los seis meses Sebas me pidió matrimonio… estaba supernervioso...

¿Cómo fue?

M.: Ni lo entendí. Nos acabábamos de pasar a un apartamento que había comprado Sebas y estábamos estrenando una terraza que tenía el apartamento, entonces preparamos la comida y él tenía un sombrero ahí puesto, y el sombrero y el sombrero… destapó el sombrero, era una cajita y me dice palabras enredadas y yo “¡¿qué?!” Porque en esa época no tenía tan buena pronunciación, y decía, “¿Te quieres casar conmigo?” Y yo, “¡claro!”, llorando, y ese es el anillo que tengo hoy en día, que me recuerda hace doce años cuando me pidió matrimonio.

¿Cómo recuerdan ese día del matrimonio?, ¿cómo fue esa celebración de este amor tan poderoso?

M.: El matrimonio fue muy lindo porque fue un matrimonio colaborativo. Compartimos ese momento con personas importantes en nuestras vidas, pero teníamos también muy claro que para nosotros existían otras prioridades, como, por ejemplo, ahorrar para tener una casa. Yo estaba embarazada de Guadalupe, tenía cuatro meses y era prioridad tener un lugar y un espacio más amplio y fuera de la ciudad para poder criar a nuestra hija.

T.: No mandamos tarjetas de invitación, todo fue un mensaje por WhatsApp: “Nos vamos a casar en San Andrés y queremos que vayas, no nos tienes que dar ningún regalo, el simple hecho de trasladarse a otro lugar ya es complejo y requiere económicamente un esfuerzo, entonces ya con ese esfuerzo está bien”.

M.: Mi mamá y mi papá pusieron las bebidas sin alcohol, los papás de Sebas pusieron el trago, mi hermana puso la música, mi cuñado puso la comida. Menos mal, mi peluquero de muchos años, de cuando yo vivía en Cali, estaba en San Andrés de vacaciones, entonces Wilfred me arregló. No teníamos pajecitos porque en ese momento nadie tenía hijos menores y el hijo de Wilfred, el peluquero, fue el pajecito. El vestido para la iglesia fue un traje con el que yo había hecho un cubrimiento para Telepacífico en el reinado; era un vestido rosado muy lindo. Y el de la playa fue un vestido de Johanna Rubiano. Un día yo pasaba por la Zona T, cuando ella tenía ahí su almacén, entré y le compré el vestido, ella me dio un superdescuento. Me acuerdo que me costó un millón de pesos. Así fue. Total, con tiquetes, hotel, vestido, decoración, nos gastamos como siete millones de pesos, y ese fue nuestro matrimonio. Fue un momento muy lindo, tan colaborativo que la torta nos la hizo una exnovia de Sebas (risas)… ¡todo el mundo puso, hasta la exnovia!

¿Cómo fue empezar este camino de la paternidad?

T.: Nosotros nos estamos redescubriendo todo el tiempo. Yo sí creo que uno va teniendo un cambio importante en la vida. Cuando llegó Guada vivimos con cariño y con esfuerzo cada aprendizaje. Cuando llega un niño es un trabajo diferente y es un esfuerzo diferente, pero nunca nos hemos dado látigo. Dijimos: “viene la niña, llega a nuestro mundo, no nosotros al de ella, y esto es lo que hay”. Guada andaba con nosotros para arriba y para abajo. Nosotros éramos de los que estaban en un restaurante y a la niña le daba sueño y la niña se dormía ahí, entre dos sillas, y seguía nuestra vida normal… entre comillas lo que se puede llamar “normal” cuando tienes un hijo, pero nunca ha sido un problema. Hemos tenido miles de problemas en nuestra relación como pareja, pero hemos trabajado esos problemas con inteligencia, como “bueno, ¿qué está pasando y cómo lo hacemos?, ¿cómo lo solucionamos?”. Sobre todo sin ego. Yo creo que lo que nos ha llevado hasta allá es que no ha habido ego de pareja. Si pasa algo, “venga y vemos cómo lo solucionamos”. Así hemos llevado a nuestras niñas, también a encaminarlas a que tienen que trabajar con su hermanita, ellas con nosotros, nosotros con ellas. Pero las niñas están cambiando todos los días, todos los días uno trata de ser mejor y de ser diferente, y no está mal.

M.: Está mal si te deja de gustar tu pareja o si de verdad está trabajando en pro de que ya no me inspiras. Ahí hay que mirar qué pasa y trabajar en eso, pero definitivamente con Guada y con Maca cambia en que nos tenemos que cambiar de casa, porque no cabemos acá, entonces hay que trabajar más duro. Pero hemos vivido nuestra vida en el día a día. Hoy está pasando y un día a la vez vamos sorteando nuestros chicharrones. Creo que ese ha sido el truco, qué pasa hoy, mañana miramos qué hacer, hoy no, hoy estamos trabajando en pro de que el día funcione…

En ese camino, como lo dicen, hubo momentos buenos y momentos malos. ¿Ustedes han recurrido a ayuda? En algún momento de la relación en estos doce años juntos han dicho: “hagamos una terapia de pareja”.

T.: Hemos tenido ayuda, claro. Male ha tenido ayuda, yo he tenido ayuda… hay cosas que de pronto no encontramos una solución, pero ha sido muy bonito entender que no se pudo y que no fuimos capaces y que en verdad necesitamos una persona que nos dé una mano, y esa persona extra nos ha ayudado bastante. Ya nos conocemos, sabemos qué nos vamos a decir, yo ya sé cuando discuto con Male cómo es la vuelta, y cuando Male discute conmigo ella ya sabe cómo es la vuelta. Uno no es perfecto en esta vaina; no somos psicólogos ni consejeros. Yo soy deportista y Male es actriz. Y sí, hemos tenido ayuda y nos ha servido mucho.

¿Cómo han logrado encontrar esos espacios en pareja?… A veces, estando casados, a uno se le olvida.

M.: Hemos entendido como pareja que estar conectados sexualmente para nosotros es muy importante, y a veces hablando con amigos siento que es un punto del que poco se habla y que se cree que no es importante, y en realidad para nosotros, lo que hemos descubierto nosotros como pareja, es que eso es muy importante. Creo que tener una rutina de sexo es vital en una relación.

T.: Yo no creo que sea hacer el amor como tal o echarse un polvo. Creo que es todo lo que hay en torno a cómo me pongo bien para gustarle, todo este tema de tratar de enamorar a tu mujer toda la vida. Yo creo profundamente que echarles los perros a muchas es muy fácil. Estos manes que todos los fines de semana están con una diferente y se creen los chachos, ‘me las como a todas’, es muy fácil, porque una vez que tengas un buen verbo, un buen texto, pues funciona en una discoteca donde el alcohol hace que la cosa sea más fácil. Eso no tiene gracia, ahí no hay magia, eso lo puede hacer cualquiera y de hecho lo hacen todos los fines de semana. Pero tratar de estar bien para tu pareja después de doce años de echarle los perros todos los días para que te siga gustando, de que ya te conoce el flow, tienes que evolucionar todos los días, tienes que cambiar. Tú no puedes decirle lo mismo que le decías hace once años; tienes que prepararte intelectualmente, físicamente. Tienes que prepararte para poder gustarle a tu mujer y que esa química en la cama pase. Si ella se deja, no hay magia aparte de un polvo, pero el tema de levantarse bien, de tratar, después de once años de ir a comer, después de once, doce años darle flores… ahí están las últimas flores que le traje… eso es parte del sexo, del cortejo que hay detrás de, que es lo más difícil. Te toca literalmente evolucionar tu mente para tener de qué hablar todos los días con alguien que tienes todos los putos días toda tu vida. ¿De qué más hablas? Entonces tienes que meterle, hay que leer, hay que sacar tiempo para ti, para irte solo; hay que entender también cómo funciona tu cerebro y entender cómo te vuelves no más inteligente, sino más interesante.

M.: Pero pues yo sí pienso que uno empieza a entrar en una rutina con los hijos: que el colegio, la mañana, el desayuno, la llevada, la trasteada… que empieza a olvidarse que ahí está la pareja, y hay que conectarse con ella. Entonces, yo sí creo que para nosotros es muy importante conectarnos tomándonos un café, pero también yéndonos y bañándonos empelotos y también morboseándonos todo el día y agarrándonos las nalgas… Eso creo que es vital dentro de nuestra relación y dentro de nuestra dinámica.

T.: Hay parejas que todo el tiempo: casada, con hijos, carro, casa, todo el mundo perfecto, pero todo el tiempo están en eventos sociales donde estás compartiendo con otras personas, y ahí el mundo va pasando más fácil, todo pasa más fácil porque ‘no tienes que’… Cuando estás día y noche con tu pareja es más difícil, es mucho más difícil; ya no tienes una máscara, eres lo que eres y ya. Toca que pase lo que dice Male, toca a veces impulsar, y es una nota. A mí me encanta. Toca sacar momento y tiempo para tu pareja, y cuando sales, no es salir con amigos; estamos todo el día juntos, vamos a salir a cambiar esta rutina a un restaurante y a comer; vámonos los dos de viaje. Tienes que pasar más tiempo con tu pareja...

M.: … Sí, y sacar tiempo para la pareja, pienso yo, no es “vamos a comer”, porque ir a comer no se puede dar todos los días, pero como que hay pequeños momentos en el día en que puedes sacar tiempo para tu pareja; es ahí donde está el reto, cómo sacas esos momentos: bañémonos juntos, vamos a hacer el desayuno juntos, vamos al leer el periódico, vamos a tomar un café juntos… Es ahí donde, dentro de tu rutina diaria sacar ese tiempo para tu pareja, está el reto.

¿Cómo manejan ustedes el tema de la fidelidad y de la lealtad en pareja?

T.: Tú lo acabas de decir. Male ya es bonita… ¿me entiendes?... O sea, yo me casé con la mujer que escogí, no con la que me tocó, y estamos expuestos públicamente y sí hay una facilidad de pronto de estar con otra persona, pero Male ya es un bombón. Ella me da todo lo que yo necesito. Yo no necesito en este momento de mi vida salir a buscar otro tipo de cosas. Yo particularmente estoy alejado un poco de la fiesta y del trago, que es donde creo que la cosa se facilita un poco más y se expone a cierto tipo de situaciones y sentimientos. Por mi deporte, por mi vida, estoy en mi casa. Yo estoy tan enfocado en alcanzar mis cosas, mis metas, y esa no es una meta ni un sueño. Personalmente, nunca he creído que el que más mujeres tenga es el más varón; solo que no sé qué vacío está tratando de llenar esa persona. A mí la estabilidad en el matrimonio me da estabilidad en mi trabajo y en mi vida. Siento que tengo una persona estable a mi lado y mi vida está estable. Si estoy picando por aquí, por allá y manejando esas energías, pues estoy inestable emocionalmente también. Se vienen proyectos importantes también donde no hemos estado solos los dos, pero a estas alturas del paseo lo único que uno quiere es que no se dé más de qué hablar. Hemos logrado tantas cosas que lo que menos puedes dar es de qué hablar. Pasé por MasterChef, Male pasó por dos programas, y jamás se ha hablado “es que Tatán estaba…” o “es que Malejita estaba...” Los rumores al final siempre llegan más públicamente cuando todo el mundo tiene un celular en el bolsillo. A estas alturas del paseo no se puede, es muy complicado y yo ya estoy viejo. Ya quiero echar para adelante no más. Quiero viajar, montar en moto, alcanzar otro tipo de sueños y otro tipo de metas. Hay que ser muy coherente con tu vida y con lo que eres hoy.

¿Cómo respetarse también los espacios?

T.: Así tal cual como lo estás diciendo: “amor, voy a hacer ejercicio”, “Bueno, mi amor”.

M.: “Amor, voy a salir con mis amigos”, “Hágale, mija”.

T.: Yo no salgo con mis amigos porque mis amigos viven todos acá, y montar en moto es un deporte en el que sales con parceros, pero estás en tu mundo.

M.: Sin rodeos.

T.: “Amor, voy a salir con mis amigas, ¿quieres ir?” Le digo: “no quiero ir; no me invite por invitarme, yo no quiero ir. Vaya y hablen de lo que se les dé la gana. Aquí la estoy esperando, bizcocho”.

¿Cómo se cimenta la confianza al pasar los años, al tener momentos buenos y malos?

T.: Esto es una relación como cualquiera: hay confianza y desconfianza como cualquier cosa. Cuando hay desconfianza es bonito porque pasa lo que te contaba antes, y es trabajar duro porque dices “¡ay, jueputa!, sí la puedo perder. O sea, esto no es tan cómodo como yo creía”. Creo que cuando hay comodidad y cuando todo está dicho y cuando no pasa nada y cuando no hay esa chispita de “mi mujer es un bombón”, mi lugar lo quieren muchos hombres en este país.

Bueno, ya para cerrar quisiera que me regalaran cinco claves básicas del amor de Maleja y Tatán…

T.: Yo creo que la primera es dejar tanto visaje en torno a cómo debe ser una relación y cómo tiene que ser una relación. Todos tenemos un mundo aparte, todos somos diferentes y usted tiene que vivir su propia relación. Ni la de Tatán y Maleja, ni la de sus papás, ni la que quiere ser, ni la que se soñó. Viva su relación en el día a día y trate de solucionar problemas en el día a día. Dejar el imaginario de ‘qué podría pasar si yo dijera, si hiciera, si me pusiera’, porque eso definitivamente no conlleva a nada. Solucionar los problemas del día para mí es un truco importante. Vas viviendo tu mujer. Lo segundo es que existe una razón por la cual te enamoraste de ella y a uno se le olvida esa vaina con el tiempo. Male y yo hacíamos un ejercicio aquí donde decíamos “amor, asómate y mira alrededor, mira lo blanco” y le digo, “¿viste la flor azul?”, me dice “cucuta, no la vi”. Eso mismo pasa con las relaciones, te enfocas en lo malo, en lo malo, y solamente vas a ver lo malo. Si estás pensando solamente en lo malo, lo malo se va a multiplicar, y ya viste más nubes blancas y todo lo blanco de la casa y ya viste todo lo blanco que estaba pasando, pero nunca viste la flor azul ni la flor roja. Si te enfocas en lo malo solamente vas a ver lo malo, pero si dejas a un lado lo malo y empiezas a enfocarte en el porqué te enamoraste de ella, esas son las cosas bonitas que te trae.

M.: Yo creo que también es muy importante dentro de una relación reconocer en el otro para qué es bueno, reconocer en el otro qué hace muy bien, y no intentar hacer lo que hace el otro. Entonces, por ejemplo, para nosotros eso del trabajo en equipo, saber que Sebas lo hace muy bien editando, pensando, grabando… muchas veces yo he intentado hacerlo y entramos en conflicto y terminamos discutiendo. Si el uno es bueno para ciertas cosas, usted no tiene que hacer lo que el otro haga, ¡tranquilo! Está bien entonces reconocer en el otro para qué es bueno, entenderlo y ponerlo en práctica. Creo que eso ha sido muy importante en nuestra relación. Segundo, para mí, descubrir esos momentos dentro de tu rutina diaria en los cuales hay que conectarse con la pareja, que no es solamente en el día especial vamos a comer porque estamos celebrando el aniversario, entonces vámonos de rumba. Creo que el reto de pareja dentro de la rutina diaria es encontrar esos momentos para conectarse con tu pareja, y no tienen que ser grandes momentos… Es que de verdad el hecho de bañarse juntos, de hacer el desayuno los dos, esos momentos creo que son muy importantes, y siempre sacar tiempo para tener sexo: #hayquepichar (risas) by parceros, Maleja y Tatán.

¿Y no se plantean la posibilidad de tener otro hijito?

Yo quería, pero apenas pago el colegio se me quitan las ganas.

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