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La Azcárate, ¡de frente!

Recorrimos las calles de Madrid junto a la fascinante actriz bogotana. Aleja ha recobrado la risa luego de vivir momentos complicados. Celebra el éxito de su serie con Netflix y confiesa que ha vuelto a vivir. “Hoy me siento más viva que nunca”. Una entrevista a corazón abierto.  

Por Sandra Real

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El nombre de Alejandra Azcárate despierta todo tipo de pasiones. El foco siempre está puesto sobre ella; cuenta con un magnetismo bien cimentado en su indiscutible inteligencia. Su figura es imponente, su mirada intimida y detrás de esa voz ronca está una mujer dulce, amorosa y leal a la cual pocos conocen a fondo porque es enigmática y hermética. Es una artista de primera categoría. Su franqueza la ha catapultado y sepultado a la vez, pero siempre ha salido triunfante porque su solidez no ha estado centrada en la estética, sino en su forma de ser y pensar. La autenticidad es su sello y el buen gusto, su estilo. A Alejandra solo se le puede amar, pero a La Azcárate es posible odiarla, y ella no solo lo sabe, sino que lo disfruta. Esa mezcla entre la realidad y la ficción la han convertido en una de las figuras más potentes de la industria del entretenimiento latinoamericano. Los resultados de audiencia de su serie en Netflix así lo demuestran y aquí está, como siempre, de frente.

¿De dónde surgió el formato de ‘La Azcárate de frente’?

Nació en una noche de desvelo. Al día siguiente comencé a estructurar la idea porque la tenía fresca en mi mente y a partir de ahí me concentré con rigor a darle forma para sacar el proyecto adelante.

¿Cómo así que duraste 4 años trabajándole a la idea y que en Netflix no te querían parar bolas?

Así, tal cual. Durante 4 años toqué muchísimas puertas y la única palabra que oí sin cesar fue “NO”. Le invertí tiempo, esfuerzo y dinero yendo a Nueva York, México y Los Ángeles a vender mi propuesta y nada, no fluía. Llegué a pensar que yo era la única que le creía al formato y desistí. Cuando lo solté con la satisfacción de haberlo intentado todo, por fin apareció una luz de esperanza.

¿Cuál fue esa luz?

Estaba con mi familia en Tulum tomando mezcal en la playa; en vista de que no pasaba un mesero decidí irme caminando hasta el bar y ahí en la barra, inesperadamente, me crucé con Pedro Dávila, un reconocido productor, que me preguntó qué estaba haciendo. En medio de la charla le comenté sobre mi proyecto trancado, extrañamente algo le resonó y me pidió que le mandara la presentación del formato. Meses después me llamó a decirme que Netflix quería una reunión conmigo y ahí comenzó toda la gestión para lograr, a través de Miracol, su productora, que esto se materializara.

¿Cuándo te dio Netflix por fin luz verde para el proyecto?

Fue una negociación lenta y minuciosa. Comenzamos la preproducción con mucha ilusión y justo dos semanas después, entró la pandemia y de nuevo todo se vino abajo. Mi frustración fue absoluta, pero no podía luchar contra una realidad mundial. Transcurrió todo el año en silencio y no volví a saber nada de ellos hasta noviembre. Cuando me contactaron de nuevo creí que era un milagro. Me pidieron que empezáramos la filmación en diciembre y un día antes del rodaje, con toda la escenografía montada y el equipo listo, resulté con covid. Ahí me rendí. Creí que era una señal divina el hecho de que no avanzara el proyecto y cerré el capítulo.

Esto parece una novela. Nadie se imagina la historia detrás de ‘La Azcárate de frente’. ¿Y qué pasó luego?

El año pasado, contra todo pronóstico, volvieron a buscarme y por fin pude cumplir ese sueño que ya parecía en estado de coma.

¿Tuviste injerencia en el rodaje?

Absoluta. Netflix y Miracol me dieron libertad total de acción. Escribí el guion y los libretos junto a Alex Pinilla, mi inseparable compañero de fórmula creativa, y a partir de ahí me permitieron escoger las cabezas de las áreas claves: dirección, arte, fotografía, maquillaje y vestuario. Me dieron todo el gusto en la conformación del equipo y por eso sentí profunda confianza al estar rodeada por los mejores.

Tu formato incluye monólogos, sketches y charlas con invitados. Es una mezcla novedosa y original que invita a la reflexión a través de la gracia, con tu franqueza característica. ¿Cómo describirías tu serie?

Es un acto de osadía.

¿A qué le atribuyes el gran éxito que has tenido con este formato en Netflix, incluso en varios países?

A la autenticidad. Para mí, ahí está la magia. En los 4 episodios toco temas cotidianos, pero espinosos, un riesgo que pocos corren y que a mí, por el contrario, me encanta asumir. No le temo a expresar lo que pienso ni lo que siento, tengo suficiente apertura para establecer debates y no me tomo la vida tan en serio, así que esa mezcla al parecer es una pócima infalible.

¿Esperabas tan buena acogida?

Sinceramente, no. Lejos estuve de imaginarme lo que esto iba a generar. Ha sido una locura. La serie está expuesta en 190 países y traducida a 32 idiomas. Cuando los ejecutivos de Netflix la vieron terminada decidieron no lanzarla solo en América Latina, como estaba planteado, sino a nivel global. Ahora me llegan mensajes hasta de Corea; por supuesto, no entiendo ni mu, pero la dicha es total.

¿Cuál fue tu episodio favorito?

Los 4 son muy especiales para mí. El de la edad es una invitación a disfrutar la vida sin importar la pata de gallina. El de búsqueda de pareja establece un planteamiento interesante sobre el verdadero valor del amor propio en aras de amalgamarse con alguien más para crear un camino de la mano. El de la infidelidad expone una polémica profunda y divertida sobre lo que se señala en público y se avala en privado. Y el del sexo es una exposición natural de ese factor en torno al cual gira una buena parte de nuestra esencia, pero que no se asume con libertad por cuenta del pudor.

¿Cómo fue trabajar junto al equipo de Netflix? ¿Se aguantaron tu voltaje? ¿Los pusiste a sufrir mucho?

A sufrir no, pero sí a estresarse. No me conocían, así que no tenían ni idea cómo era mi sistema de trabajo. Fue una apuesta arriesgada de su parte, supongo que nunca se imaginaron que yo supervisaba desde el florero que aparecía en una escena hasta los cortes de edición. Soy meticulosa, intensa, inagotable. Siempre creo que todo se puede hacer mejor, así que exijo, empujo incluso hasta el límite, pero al final todo cobra sentido.

¿Es verdad que volvías locos a los directores y a los productores porque cambiabas tus propios textos antes de las escenas?

Sí, es cierto. Para mí, lo más importante es el contenido escrito, entonces cuando ya un concepto o una frase no me encajaba, frenaba la filmación, me sentaba a reescribir, a releer y a reaprender lo nuevo que iba a decir para poder interpretarlo de forma natural. Al principio se chiflaron y se desesperaron, pero ya después entendieron que mi cabeza funciona así y todo marchó como un reloj en medio de muchas risas. Hubo cariño y respeto en ese combo y los resultados lo demuestran.

Te vemos ahí impecable, como siempre, luciendo unos looks increíbles y estableciendo propuestas de moda. ¿Cada vez te tomas más en serio ese tema?

Por supuesto. Siempre me lo he tomado en serio. Me esmero en mi propuesta de imagen, reflejo mi estilo y lo que quiero transmitir. No me rijo por tendencias, me baso en mi propio criterio porque reconozco con facilidad lo que me luce y lo que no. Por ende, sé ocultar lo que no me favorece y potenciar lo que me juega a favor. Todo lo que me pongo tiene una razón de ser; la ropa refleja nuestro estado de ánimo, la forma de percibir el entorno, expone el concepto personal de estética y es una potente vía de expresión que uso con comodidad.

Se te considerada una de las mejor vestidas del país, la más elegante del entretenimiento, sin duda. ¿Qué opinas de eso?

Valoro el halago. No compito con nadie, solo disfruto vistiéndome para mí, para expresar quién soy y de paso para las envidiosas, que siempre son un aliciente. Como dice mi mamá: “La elegancia no se exhibe, se percibe”.

Logramos estas fotos de portada en una ciudad maravillosa, Madrid. Cuéntanos sobre tu relación con esta ciudad.

Yo con Madrid tenía una asignatura pendiente. Siempre quise vivir aquí, pero por múltiples razones, sobre todo de arraigo familiar y laboral, terminé enraizándome en Colombia. Ahora he tenido la oportunidad de venir por un buen tiempo a trabajar en España, a respirar un aire sin toxicidad y a rescatarme, porque pisé este lugar estando muy rota, así que aquí he logrado no solo pegar mis pedazos, sino descubrir aspectos que no reconocía en mí.

¿Cómo ha sido ese reencuentro contigo misma por las calles de Madrid?

He vuelto a sentir paz. He tenido extensos momentos de silencio, pero también me he abierto a conocer gente nueva y la sorpresa ha sido hermosa. Me he topado con personas valiosas, aportantes y divertidas que poco a poco me han ayudado a sanarme recuperando la alegría.

¿Qué te genera vivir como una desconocida en Europa?

Tranquilidad.

¿Qué ha sido lo más bonito de pasar esta temporada allí y poder hacer catarsis?

Superar la tusa que sentí frente al público. A lo largo de mi carrera siempre me he esforzado por intentar entretener a la gente. Mis formas han sido acertadas y desacertadas, pero transparentes siempre, incluso a pesar de mis múltiples errores. Constatar cómo tantos me señalaron sin el menor conocimiento de los hechos, poniendo en tela de juicio mi honestidad, fue devastador. No por el qué dirán, eso lo gestiono bastante bien y poco caso le hago a la turba ruidosa movida por el resentimiento en las redes sociales; fue la severidad del tribunal al que me expusieron sin tener la menor certeza de la gravedad de lo que estaban afirmando lo que en realidad me hirió. Sentí que muchos gozaron pisoteándome. Es como si durante años hubieran estado esperando ese momento, y eso además de ruin me pareció desilusionante después de haber entregado tanto.

¿Se paga un precio muy alto por ser personaje público?

Sí, y hoy entiendo que ese precio es directamente proporcional al nivel de éxito que se haya logrado.

¿Crees que te pasaron cuenta de cobro por tu humor sarcástico o tu burla frente a la realidad colectiva?

Claro que sí, fue evidente. Pertenecemos a una cultura en la que la mujer no debe tocar ciertos temas, confrontar o salirse de los parámetros establecidos. Yo no pertenezco a ese grupo y eso genera tanto admiración como rechazo. Yo me burlo de todo, de todos y sobre todo de mí misma. En mi alma jamás ha estado la intención de herir a alguien, lo cual no me exime de nefastos resultados, pero eso no era motivo suficiente para que hubieran intentado destruir mi célula más íntima, que es mi familia.

¿Necesitabas alejarte del acoso mediático que por un momento experimentaste en Colombia?

Eso no fue acoso, sino violencia. La irresponsabilidad de muchos medios, el amarillismo que primó sobre la verdad, la feria que hicieron con mi nombre con tal de vender sus contenidos y el sartal de mentiras que publicaron dieron como resultado un coctel vergonzoso a nivel periodístico que tendrán que asumir en los estrados judiciales. Varios ya me han contactado con ánimo conciliatorio, pero no pienso ceder en el terreno jurídico, no por venganza, sino por justicia. Mis demandas han sido interpuestas no por injuria y calumnia, ya que eso suele retractarse en letra minúscula sin el menor despliegue cuando el daño ya lo han hecho, sino por perjuicios a mi marca, los cuales son cuantificables y ellos tendrán que asumir.

Aleja, te pregunto con mucho respeto, ¿cómo ha sido experimentar este punto de quiebre en tu vida?

Este no ha sido el momento más doloroso de mi vida, pero sí el más importante y confrontador a nivel interno. En un segundo todo mi entorno cambió. Cuando mi esposo me contó que la avioneta de su exsocio, ¡ojo!, no la de él como afirmaron en todas partes, había sido incautada con droga, no dimensioné lo que iba a suceder. Miguel desgraciadamente seguía figurando como representante legal de esa empresa a pesar de no estar en ejercicio de su cargo desde enero. Él es un publicista muy exitoso, la aviación siempre ha sido su afición, pero nunca creímos que eso nos pudiera avasallar de esta forma. Por temas de demoras burocráticas y papeleos del traspaso de las actas terminó salpicado en algo absolutamente ajeno a él, ya que esto sucedió en mayo. Mi marido no conocía al piloto, no había autorizado el vuelo, ni siquiera sabía que ese domingo la tal aeronave estaba en el aire porque no solo no le pertenecía, sino que ya estaba desvinculado de la empresa. Sin embargo, por ser mi pareja el asunto tomó unas dimensiones salidas de toda proporción y el bacanal que armaron fue digno de una serie de televisión. Nos acostamos siendo una actriz y un publicista y amanecimos en todos los titulares en la categoría de un par de delincuentes.

¿Cómo ha sido para ti vivir esta pesadilla, teniendo en cuenta la forma en la que se ha tergiversado la información?

Muy, muy duro. Sentirse uno repudiado como un criminal sin tener nada que ver en lo sucedido es difícil hasta de describir. Al principio me invadió la ira, peleé con Dios porque sentí que era una miserable injusticia suya, odié a mucha gente, colegas que se regocijaron acabándome, conocidos y desconocidos que nos juzgaron sin el menor fundamento y me sumergí en una tristeza profunda. Me enfermé física y mentalmente, no volví a hablar, mi alma se encogió. Ver a mis papás y a mi hermano sufriendo por nosotros me rompió por dentro. Sentí que me mataron la alegría y la creatividad, todo a mi alrededor se apagó.

¿En qué va el proceso de tu esposo?

Mi esposo no tiene ningún proceso abierto, jamás ha sido sujeto procesal. La audiencia de los verdaderos implicados será muy pronto, al parecer en febrero, a pesar de los dos intentos que han hecho por aplazarla, y estoy segura de que ese día por fin se sabrá la verdad. De hecho, el piloto ya nos mandó decir a través de su abogado que quería pedirnos perdón. Miguel le respondió con una nobleza que admiro. Yo, por mi parte, aún no le he podido contestar.

Ahora te vemos recuperada, más serena, ¿a qué le atribuyes este nuevo estado?

A Dios. Pasé de pelear con Él a arrodillarme a sus pies para pedirle que me enseñara lo que debía aprender. Comencé a agradecerle la experiencia hasta que lentamente pude levantar de nuevo la mirada.

¿Cómo está tu relación con tu esposo? Te hemos visto batallando como una gladiadora por él.

Sé con quién me casé y se merece esta lucha, porque el que nada debe, nada teme. Me arrastraron por cuenta de algo ajeno a mí, a él y a nuestra vida juntos. Hemos tenido una relación sana, muy amorosa y hemos conformado un gran equipo a lo largo de estos 17 años. Sin embargo, todo esto ha sido muy triste para ambos. Nunca nos imaginamos tener que pasar por algo semejante. Nos estalló una bomba en la mitad de la sala y ahora estamos terminando de limpiar el espacio para reconstruir una relación ojalá aún más sólida después del derrumbe.

Eres un ejemplo de resiliencia y coraje. ¿Cómo vislumbras este nuevo año en tu vida?

De ninguna manera. Si algo aprendí es que todo cambia en un segundo, así que ya no estoy dispuesta a perder el tiempo. Solo pienso dedicarme a ser feliz.

¿Tus amigos te apoyaron o te abandonaron?

Los verdaderos no me desampararon ni un día. De hecho, fueron un soporte invaluable. Los que se alejaron nunca lo fueron, así que, bien idos.

Después de toda esta historia, hoy estás triunfando de nuevo y con más brillo que antes. Eres imbatible, Netflix, el podcast, nuevas campañas publicitarias, tu propia línea de carteras, una próxima novela, viajes, en fin… ¿Has vuelto a reírte?

Sí, aquí en Madrid he vuelto a reírme. De hecho, antier me salió una carcajada de repente y de inmediato miré al cielo y agradecí.

Actualmente te estás disfrutando cada día como si fuera el último.

Claro. Ahora soy más consciente de que en efecto puede serlo.

¿Qué piensas del miedo?

Cuando nos dejamos amedrentar por él, aniquila. Si lo ponemos por delante y lo asumimos, es sin duda la fuerza creativa más poderosa que existe.

¿Qué sientes hoy por tus seguidores?

Gratitud. Cada mensaje de aliento, de solidaridad, de apoyo que me han hecho llegar me ha reconfortado. Cada vez que me paran incluso aquí en las calles de Madrid y me hablan con cariño deseándome buena suerte en mi camino a pesar de la adversidad, me conmuevo. Hay mucha gente por la que vale la pena seguir trabajando, personas que valoran y le dan sentido a lo que hago.

¿Y qué les dices a tus detractores?

Que ojalá sanen su corazón de ese odio que a mí no me pertenece, sino a ellos, porque la perversidad es retroactiva.

¿Te consideras una mujer fuerte?

No. Ya no soy una mujer fuerte, sino una mujer fortalecida, y eso es muy dignificante.

¿Con qué frase cerrarías esta entrevista?

Esta soy yo.

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