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El ángel de Juana Arias

Apenas se graduó del colegio, Juana Arias empacó sus maletas y se fue a Nueva York a estudiar actuación en el instituto Lee Strasberg. Apenas contaba 18 años, pero ya tenía clarísimo que quería ser actriz. Después regresó a Colombia, rodó una película, actuó en un par de proyectos y se fue a Miami, en donde le dio vida también a un par de personajes. Más adelante decidió establecerse en México y desde entonces ya han pasado seis años en los que no ha parado de trabajar.

Por Sandra Real y Richard Moreno

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Cuando empezó era una niña, la hija de la periodista Amparo Pérez y del empresario Luis Alberto Arias. Una pequeñita de cara angelical que soñaba con actuar en Hollywood, como muchas... Pero en la vida, casi siempre hay que tragarse los prejuicios, y con Juana más. Hoy, ha sobrepasado sus sueños y ha logrado materializar cada uno de sus proyectos gracias a su disciplina y a su talento. Al charlar con ella, uno se da cuenta de que es una mujer muy madura, muy inteligente, con un discurso claro, además de talento y empatía. Analítica, con las ideas claras y los amigos de siempre. Tras arrollar con su carisma en la serie Cómo sobrevivir soltero y de actuar en La muchacha que limpia, le dio vida a una de las Juanas en La venganza de las Juanas, de Netflix, y no para… “Ha sido importante prepararme y entender que habrá momentos arriba y abajo. Que no le gustarás a todo el mundo siempre y que recibirás muchos NO. Que, aunque a veces sea dura esta carrera, estás en un lugar privilegiado y cumpliendo tu sueño”, asegura la actriz bogotana.

Cuando Juana se quita el top y el pantalón de Silvia Tcherassi para enfundarse en sus propios jeans, camiseta blanca y hoodie gris, nada pretenciosos, uno advierte a esa niña bogotana que creció cantando y bailando, haciendo mucho deporte y compartiendo los fines de semana con sus primos y amigos. Su característica voz ronca cobra más sentido que nunca ahora. Este año celebra seis años desde que emigró a México y reinterpreta el concepto de la mujer bonita que sin contactos, pero con mucho talento, partió a hacer realidad sus sueños.

¿Cómo te llegó la propuesta para actuar en La mujer de nadie, de Televisa?

Me llamó mi agencia de actuación y me dijeron que la productora Giselle González quería hablar conmigo. Había escuchado de sus proyectos, pero no tenía el honor de conocerla. Fui, me reuní con ella y me pidió hacer pruebas y así fue, me quedé con el antagónico.

Cuéntanos un poco sobre la historia…

Apenas voy en el capítulo 5, que me mandaron hasta ayer, y está increíble, pero no puedo contarles mucho. Mi personaje forma parte de un triángulo amoroso con la protagonista; me encanta darle vida a la mala de la historia.

¿Cómo analizas lo que han sido estos seis años como actriz?

Siempre lo pienso así: lo comparo con unas zanahorias, pues antes de salir crece mucho por abajo, las raíces tienen que ser fuertes y de repente dices: "Llevo aquí un montón y no pasa nada…". Es como estar sembrando y de repente, ¡pum!, pasa todo. He ido poco a poco en México. Mi primer papel fue en Sincronía con un personaje secundario, pero yo me lo tomé como si fuera un protagónico, y creo que eso ha sido clave. También una combinación entre disciplina, paciencia, perseverancia y no desfallecer.

Hablemos sobre ‘las Juanas’. Fuiste la única actriz colombiana de la historia…

Cuando me enteré de que Netflix estaba haciendo casting para esta historia dije: “Este papel tiene que ser mío como sea”. Yo era muy fan desde niña; además mi mancha de nacimiento es arriba de la nalga del lado derecho, es igualita, entonces me la pintaba todos los días antes de ir al colegio con un pescado porque yo decía “yo soy la sexta Juana”.

¿Cuántos años tenías?

Era una bebé, tenía como 7 u 8 años… Y además tenía las sandalias, la balaca, los vestidos, la muñeca, ¡todo! El casting fue un proceso larguísimo, como de 6 meses. Primero hice pruebas para la monja, para Juana Caridad, me llaman al callback, luego a la última prueba de cámaras y luego llega el covid-19 y nunca me confirman. Dos meses después me dicen “no quedaste”, y yo lloré mucho. Ahí me fui a Europa al rodaje de la película Nuevo orden. Después me hicieron casting para Juana Bautista y tampoco quedé. Y el día de alfombra del Festival de Cine de Venecia me llama la directora de casting y me dice “Juanis, se me cayó el personaje de Juana Matilde; haz el casting”. Me dijo: “Tienes media hora para mandarlo”, y yo en mitad de la alfombra, antes de maquillarme, lo grabé y lo mandé y al otro día me llamaron y me dijeron “¡listo, quedaste! Yo estaba soñando porque ha sido el casting más largo y emocionante de mi vida.

¿Ha sido difícil abrirte espacio siendo colombiana?

México es un país que tiene las puertas abiertas para todo el mundo, pero también son muy regionalistas. México es tan grande y tiene tantas oportunidades que nos abre las puertas a todos. Ahorita muchos colombianos se están yendo a vivir allá y a mí… cuando me fui a vivir allí, a los cuatro meses hablaba como mexicana 24/7. No podía estar esperando que se abriera un pequeño personaje de colombiana. Es un país en el que puedes triunfar si tienes perseverancia y ganas.

Te costó dejar a tus papás y a tu hermano para perseguir tu sueño…

Somos una familia pequeña, pero sí creo que empieza desde el apoyo de la familia. Creo que sin ellos no lo hubiera podido hacer. Desde el principio me apoyaron con la actuación y eso fue lo que me dio la fuerza más grande. Hoy en día, mis mejores amigas viven en México también. Aparte de las amigas del colegio, que son como mis hermanas, ellos me dan la fuerza para seguir, y así estén lejos, hablo todos los días con mi papá y mi mamá. Los adoro.

Viviste un episodio muy doloroso con la enfermedad y luego la amputación de tu papá. Cuéntame cómo sorteaste ese momento difícil estando lejos.

Fue un momento que nadie se esperaba. Son cosas que tú dices nunca me va a pasar. De hecho, a veces la gente ve tu vida como color de rosa, pero realmente es muy fuerte lo que nos pasa en realidad. Mi papá entra al hospital un miércoles, lo sacan ese mismo día, regresa un domingo con coágulos, le hacen drenaje tres veces durante dos días y al tercer día le dicen “Si en 48 horas le siguen saliendo los coágulos le tienen que cortar la pierna”. Yo estoy grabando en este momento mi primera serie en México, Sincronía, en una locación que era única, nocturna, era inamovible y no pude viajar.

¿Cómo te sentías?

Impotente. Mal. Mi mamá me llama un miércoles y me dice “le van a amputar la pierna a tu papá”; yo decía “¿¡qué!?”. Yo pensaba que estaba soñando; decía “¡no!, ¿es en serio? ¿Cuándo?” Me dice “pasado mañana”. Era un viernes, nunca se me va a olvidar, a las 5 de la tarde. Yo ese día estaba grabando y mi papá me llama a las 4:55 y me dice “Hola, mi Panchita, ¿cómo estás?”, y le digo “¿cómo estás tú?”, y responde “Tengo mucho miedo”. Yo ahí obviamente me quebré. Empecé a llorar. Mi papá me decía que no llorara, y yo le decía “estoy llorando porque te extraño”. Yo le quería dar ánimos, pero no podía y le dije “bueno, suerte. Te amo”. Mi papá no se acuerda de muchas cosas porque tenía mucho dolor… Estaba en el set y me vine a desahogar cuatro días después cuando terminamos el rodaje. Ya llegando a Bogotá lo operan 7 veces, porque le cortan la primera vez y tienen que cortarlo otra vez porque no logran salvarle el otro pedazo de la pierna.

¿Fue un milagro de Dios?

Totalmente. Y también nos ayudó mucho que mi papá tiene una actitud única. Mejor dicho, yo no la entiendo… Es de guerrero, de valiente. No tuvo psicólogo un día; a él le dijeron que no podía montar a caballo y a los 6 meses estaba montado en un caballo. Aunque no pudiera usar la prótesis, con su muleta hacía hasta bromas. En el hospital me acuerdo un día que me dice: “Oye, yo, pensándolo bien, Pancha, cuando me vayan hacer las uñas de los pies voy a decir que me cobren la mitad: mitad de tiempo, de utensilios… ¡Claro!, que me cobren la mitad”; yo no sabía si llorar o reír…

A ti te ha caracterizado toda la vida tu belleza natural. ¿Nunca pensaste en operarte los senos, por ejemplo?

Yo soy planísima y en varias oportunidades me han escogido para las historias porque me veía natural, y a mí me encanta porque creo que te da una libertad de ponerte lo que quieras sin que se te vaya a salir la chichi por aquí, por allá. No hay nada más rico en esta vida que ser plano: te pones un top y ya. Yo no uso… y no es que esté en contra de las operaciones plásticas, pero soy feliz así.

¿Cómo has logrado crear esta seguridad contigo misma?

Me ha funcionado el tratar de estar bien conmigo misma desde adentro. Obvio que he estado insegura alguna vez en mi vida… no una vez, ¡muchas veces!, pero creo que ha sido un trabajo diario de meditar, de preguntarme, de recordarme, y después mirarme y decirme “yo me quiero como soy”. Es una introspección y una aceptación diaria. Eso no es de un día para otro; eso se logra todos los días.

¿Cuándo surge la idea de convertirte en empresaria?

Mi restaurante, Juana Juana, lo tengo ya hace tres años y surge cuando estoy renovando mi visa, pues he tenido la fortuna de trabajar mucho, pero la actuación es de subidas y bajadas; puede que un año estés al tope y el otro no tienes trabajo. Yo, como buena hija de Amparo Pérez, soy muy inquieta. Un día dije “voy a montar un restaurante que tenga todas las recetas a base de aguacate”, y en menos de dos meses ya tenía todo. Le conté la idea a un amigo mío chef, nos fuimos a Nueva York con el arquitecto y cuando llegamos encontramos un lugar, lo cambiamos completamente y lo montamos. Me encanta la parte comercial, y mis empleados, mi equipo, me ven limpiando las mesas, tomo órdenes, lavo platos, los baños, manejo el Instagram, tomo las fotos… Me encanta mi restaurante.

Ya abriste un segundo punto...

El segundo se llama Gaia. Montamos la idea en un container y, la verdad, ha tenido un superéxito. A la gente le encanta. No me puedo quejar. Nos ha ido muy bien. Me gustaría abrir uno en Polanco este año y eventualmente abrir uno en Bogotá. Me lo piden mucho.

¿Hacia dónde quieres seguir enfocando tu carrera actoral?

Cuando yo era chiquita mis sueños eran estar en Hollywood. Hoy me encantaría hacer más cosas en Europa y hacer cine español. De hecho, estoy practicando el acento. Juana Acosta me ha ayudado mucho y le agradezco mucho porque cada vez que he ido se ha portado divina conmigo y me encantaría seguirle los pasos. Otro sueño también es escribir una película.

¿Y el amor, Juana?

Dejé de compartir muchísimo mi vida personal en redes porque estamos tan expuestos en todo que lo poco que a uno le queda a veces para la vida privada es el amor. Además, el amor siempre es tan inesperado en todo, en todos los sentidos: puedes estar con alguien que puede ser el amor de tu vida tres meses y de pronto terminaron, o pueden durar 7 años, entonces desde hace un tiempo mi vida amorosa me la quedo para mí. Es mi parte privada, mi cajita tranquila.

¿Andas ennoviada o sola?

Ahorita estoy sola y feliz. Estoy dedicada a mí, a mi crecimiento personal, que además creo que es superimportante. Desde el año pasado estoy trabajando en eso y creo superimportante que no digas “bueno, si no tengo me muero”. Además, creo que yo me quiero casar, quiero tener hijos, pero no tengo afán. Me siento todavía chiquita y con un montón de cosas por hacer y estoy confiada en que entre más trabaje en mí, el día que encuentre a la persona indicada va a ser la persona correcta.

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  • Juana Arias

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