Cultura & Opinión

Querida, el mejor viaje es hacia adentro

  ¿Has leído Comer, rezar, amar, de Elizabeth Gilbert? Es la historia real de la autora, quien después de sentirse completamente perdida con su matrimonio, su trabajo y su rol en la sociedad emprende un viaje a Italia, India e Indonesia, con la misión de reordenar las piezas de su rompecabezas interior. Viviendo noches de vino y pizza en Nápoles y jornadas enteras de meditación en un templo de Balí, la autora y protagonista recompone su vida mirándola con un prisma distinto y, como si esto fuera poco, también conoce a su gran amor.

Por Redacción Alo

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Quizás no hayas leído el libro, ni visto la película, pero sin duda la historia ya te suena familiar: una persona desesperada con su vida que lo deja todo para emprender un viaje y regresa a casa con sus demonios dominados. ¡Qué daño nos ha hecho la cultura pop con esta narrativa! ¡Cuántas historias así he conocido en la vida real! Querida, como alguien que ha tenido la inmensa fortuna de viajar por el mundo desde sus tempranos veintes, te lo voy a decir con mi corazón lleno de amor: no hay viaje que calme tu tormenta, aparte del viaje interior.

Sé que viajar te da otros puntos de vista, te permite conocer personas, te recuerda que el mundo abarca mucho más que tus problemas. En resumen, te abre horizontes mentales, emocionales, culturales y espirituales. Pero la verdadera solución para amansar tus fieras está dentro de ti, no en un templo de Vietnam o un viñedo en Champagne. Y no te lo digo desde la cima del privilegio emocional, te lo digo como alguien que hace varios años se internó en las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta con la comunidad Hare Krishna, por culpa de una crisis existencial en la que no hallaba respuesta alguna a nada. Y allí estuve días y noches enteros, sin luz eléctrica, meditando alrededor de fogatas, leyendo el Bhagavad-gītā, haciendo yoga al amanecer y tomando baños helados en un río sagrado para la comunidad kogi. Para luego encender el teléfono nuevamente en el aeropuerto de Santa Marta y ver frente a mí otra vez todos los problemas que había dejado inconclusos.

Ya ves, yo también he estado ahí. ¿Que si aprendí algo de mis días con los Haré Krishna? ¡Por supuesto! Aún tengo contacto con las personas que conocí allí y conservo mensajes que adoro y que me ayudaron a ver las cosas desde otra óptica. Pero no mezclemos peras con manzanas. Una cosa es aceptar que todo viaje enseña, y otra muy diferente es enaltecer la acción de viajar como sustituto de la terapia.

No cometas el error de pasar tu tarjeta de crédito para endeudarte con un viaje cuyo único fin es distraer la tristeza o el estrés. Porque luego volverás a casa y te enfrentarás con la causa de tus problemas, pero esta vez acompañada de un extracto en rojo y llamadas del banco. ¿Qué tal si emprendes primero el viaje interior? Medita, ve a terapia, acompáñate de un coach o acércate a un templo, si es que allí encuentras un camino al autoconocimiento. Una sesión de psicología te sale más barata que un tiquete de avión y aprenderás muchísimo más que en el Louvre.

Si estas letras llegaron a ti justo cuando ibas a emprender un viaje para acallar algún problema, emprende primero el viaje interior, querida. Te juro que cualquier ciudad del mundo la vas a disfrutar mucho más si vas después, con el corazón pleno y la mente tranquila.

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