Cultura & Opinión

“Papá, me voy de viaje sola”

A estas alturas de mi vida no se me pasa por la cabeza “pedirle permiso a mi papá para salir de viaje”, pero no siempre fue así. Cuando vivía con mis padres, soñaba con recorrer el mundo; pero tenía un enorme problema: mi papá. Mi mamá siempre me dio permiso para todo. Sabía que yo le confiaba hasta mi más profundo secreto y eso gestó en ella una capacidad impresionante de darme libertades. Pero mi papá era enemigo de la palabra “permiso”. Por. Diana Melo Espejo

Por Usuario Anonimo

-


No sé cuál fue el momento exacto en que él se resignó y supo que tenía una hija viajera y libre. Más bien lo recuerdo como una transición larga y complicada, en la que cada viaje era una “rogadera”, y yo no siempre obtenía el permiso.Pero hoy, ya viviendo lejos de él y viajando cada vez que yo quiera, miro hacia atrás y entiendo muchísimas cosas. Mi papá vivió conmigo un cambio generacional abismal, el mismo que seguramente tu papá vivió contigo, y junto a ellos todos los papás de nuestra generación.

Fueron criados por madres sumisas que no movían un dedo sin la autorización de sus maridos. Nuestras abuelas fueron el ejemplo del “deber ser de una mujer” que ellos vieron de niños. Imagínate cuán difícil ha sido para ellos tener hijas independientes y con carácter, que cuestionan todos los parámetros de lo que la sociedad espera de ellas. ¡Pobrecito mi papá! Esperaba a una hija que se casara por la iglesia y le diera nietos, no una que se fuera sola a estudiar un Máster en Periodismo de Viajes en Barcelona. Y, aún cuando todo lo que yo decía y hacía lo desafiaba, él lo terminaba aceptando y en el fondo dándome el apoyo silencioso que yo necesitaba.

Él no sólo se resignó a verme salir de viaje a cada rato, desde el Sahara marroquí hasta el Perito Moreno en la Patagonia; sino que ahora es mi mayor fan, ese que comparte en su Facebook cada uno de mis artículos y reseñas turísticas. Quizás a muchas de nosotras nos haya frustrado tener papás con creencias limitantes sobre lo que podíamos o no podíamos hacer siendo mujeres, pero así fueron educados ellos. Por eso, es una tarea loable y lindísima la que han hecho todos esos papás que han cambiado sus ideas del género y han aprendido que sus hijas deben tener exactamente los mismos derechos que sus hijos. Seguro en unos años mi hija desafiará a su padre con las libertades que su generación quiera ganar, así como yo desafié al mío cambiando sus planes por irme a viajar por el mundo sola. Y mi esposo aprenderá y se reconstruirá, así como mi padre aprendió y se reconstruyó.

Ojalá todos los papás fueran como el mío, que se replanteó tantas formas de pensar sobre el género y me dio las alas a regañadientes para subirme a un avión cada vez que mis ahorros me lo permitían. Si tu papá también abría los ojos y se enojaba cada vez que tú te atrevías a desafiar sus paradigmas de género, envíale esta columna y agradécele también por haber tenido el coraje de aprender mejores formas para ser tu aliado. En el mes del padre quiero hacer un homenaje a mi papá, pero también a los papás de todas las viajeras, esos que se mordían los labios cuando les decíamos que nos íbamos de viaje solas. Porque no es fácil romper los patrones impuestos del machismo y aceptar que tuvieron hijas libres que quieren recorrer el mundo.

Gracias a ellos por re-construirse junto a nosotras.

En esta nota

  • Columnista

RECIBE LAS ULTIMAS NOTICIAS DE LA FARANDULA EN TU CORREO ELECTRÓNICO

Entérate de todo lo que necesitas saber sobre, cine, farándula, moda y belleza

Debes completar tu e-mail Debes completar un e-mail correcto.
Ya estás suscripto a nuestro newsletter. Pronto recibirás noticias en tu correo.

Suscribirse implica aceptar los Términos y Condiciones

Más de Cultura & Opinión