Cultura & Opinión

La ropa usada de García Márquez

Cuando salió Cien años de soledad se vendió como el salmón y en dos años García Márquez pasó a millonario y se radicó en Barcelona al lado de su íntimo amigo Vargas Llosa, año 1969. Allí, don Gabo decidió regalarse ropa nueva moderna y de finísimo apellido.

Por Richard Moreno

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En Roma fue a Via Condotti y apartó botas carísimas, bufandas, camisas, foulards y ordenó chaquetas de cachemir sobre medidas. Bravo, García Márquez, te diste gusto con la plata bien ganada, sin robar a nadie, con la máquina de escribir. No lo duden, él era un señor trajeado de Cerruti, Valentino, Armani y Ermenegildo. Pero se murió don Gabo y dejó un inmenso clóset en México, repleto de ropa finísima. Su hijo Rodrigo regaló a una “Casa de caridad” el menaje, y recogieron miles de dólares y buen final tuvo el regalo de don Gabo.

El clóset de Mercedes García Márquez

No era gran gastadora doña Mercedes Barcha, esposa por 57 años de don Gabo. Pero su clóset era envidiable para toda mujer porque tenía todo lo bello que diseñan los franceses e italianos, digamos que tenía lo mejor de una boutique europea. Cuentan que encontraron muchas carteras Vuitton, Gucci, Ungaro y pañoletas Hermes y Saint Laurent y joyas Cartier y mucho de Valentino. Don Gabo cedió a la Universidad de Texas sus archivos valiosos, las ediciones de sus libros en 35 idiomas y mucha correspondencia con Fidel Castro, Mitterrand, Vargas Llosa y otros brujos. Poncho Rentería, este servidor, escribió un libro-ensayo titulado García Márquez habla de García Márquez. Aleluya, le gustó mucho a don Gabo y explicable: fue antes de él ganarse el Nobel. Busquen ese libro, está agotándose.

Honrosa visita tuvimos

De Madrid vinieron por cariño a Colombia y su geografía las tres hermanas Cárdenas-Chavarri, mujeres interesantes, muy viajeras, de alta distinción en Bilbao y el País Vasco, su origen. En este tour de 24 días por Colombia derrocharon energía, arrojo, amor a los árboles, a los animales, los ríos y a los desiertos, páramos y la naturaleza tropical. Ellas tres, que ya cumplieron 63 años, visitaron Leticia, Amazonas, la zona cafetera, Armenia-Pereira,

conectaron a Bogotá por siete días, visitando bares, museos históricos, la Casa de Bolívar y el Museo Botero. Viajeras en acción: siguieron a Medellín, Santa Marta y Mompox por tierra, desafiando fríos y calores. Incansables las hermanitas Cárdenas-Chavarri porque siguieron a la hacienda La Palma en el Tolima, guiadas por ‘Tica’ Laserna y Leonor Esguerra, sus buenas amigas en Colombia y en España. Gracias por visitarnos, siempre bienvenidas.

Ecologistas en acción

Como este país lo volvieron un basurero, un grupo de ecologistas románticos se asociaron para evitar la desgracia total en ‘La coalición ecológica nacional’, buscando influir con el tema ambiental en la política pública y privada, ahora que vienen nuevos parlamentarios. El grupo de luchadores por una mejor política ecológica lo componen exministros, exembajadores, empresarios, biólogos y ecologistas de verdad, no de cada año. Quienes quieran sumarse a tan cívica empresa, favor informarse, buscar en el internet: Coalicionecologica.net, y si lo dirigen a Juan Soto, les prestan total atención. Ya que usted exprime este mundo y le deja basuras, póngase en paz y sea un militante serio a favor de la ecología. Ayude para que este país no sea un lodazal, sigan la buena causa ecológica que han empujado Elsa Matilde Escobar, Carlos Fonseca, Juan Alfredo Pinto, Margarita Pacheco, Juan Manuel Soto, Fernando Panesso, Eugenia Ponce de León y una centena más. PUNTO.

Respeten el Teatro Colón

A ese hermoso teatro no puede entrar nadie en sudadera y me molestó mucho ver a dos parejas que llegaron con esa maluca pinta y con tenis. No es posible que un teatro de tantos pergaminos, con tanto arte, sea irrespetado como si fueran a El Campín o a un campo de tejo. Entendemos que el Teatro Colón haya cancelado la prohibición a entrar sin corbata, lo pasamos, pero para un acto cultural hay que ponerse una pinta discreta. Mi amiga bogotanísima, frecuente en ese teatro, me comentó: “No hay derecho a que la moda guacherna llegue al Teatro Colón que bendijo el intelectual don Víctor Mallarino”. Al Colón hay que respetarlo, no se puede ir con esas horrorosas sudaderas, incluso a quien intente entrar con esa sudadera que se lo lleve la Policía para su casa y lo bañe en agua fría. El Teatro Colón es una joya nacional. A respetarla. PUNTO. Como tengo esta noche zarzuela en el Teatro Colón, me despido de ustedes a lo Poncho Rentería que les dice: a vacunarse, buenas buenas y colorín colorao.

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